miércoles, 20 de junio de 2007

Sobre el Caribe


El éxito del neologismo transculturación en el campo de las ciencias sociales y los estudios literarios y de arte, en general, lo que obviamente comprende a la música, se debe en buena parte a que es posible un uso que abarca fenómenos que trascienden las peculiaridades de Cuba, que son cercanos a otras comunidades, a otros procesos distantes de la experiencia local. Con igual propiedad pudiéramos acercarla al fenómeno Caribe para comprender su peculiaridad a través de los textos canónicos Contrapunteo Cubano del Azúcar y el Tabaco y Casa Grande y Senzala.
Se entiende aquí el Caribe en el sentido en que lo expone Lulú Jiménez como una región abarcadora que incluye no sólo a las islas antillanas, sino también zonas continentales como las costas de Colombia, Venezuela –incluyendo áreas de Ciudad Bolívar como El Callao-, Guyana, sur de los EEUU y Brasil. En la base de este planteamiento se encuentra la peculiar manera como se insertó el proceso colonizador en estos espacios. Partamos de Ortiz para decirlo a través de los dos productos en contrapunto:
“El tabaco es un don mágico del salvajismo; el azúcar es un don científico de la civilización.
El tabaco fue de América llevado: el azúcar fue a la América traído. El tabaco es planta indígena que los europeos llegados con Colón descubrieron , precisamente n Cuba, a comienzos de noviembre del año 1492; la caña de azúcar es planta aquí extranjera y lejana que del Oriente fue llevada a Europa y a las Canarias y de allí trajo Colón a las Antillas, en 1493. En Cuba el tabaco fue hallado con sorpresa; pero el azúcar fue introducido con propósito planeado. (Ortiz: 1973: 71)

El propósito planeado no fue otro que el proceso colonizador, que se valió de mecanismos claramente artículados para alcanzar sus fines.
Máquina naval, militar, burocrática, comercial, extractiva, política, legal, descomunal son algunos de los calificativos utilizados por el cubano Antonio Benítez Rojo en La Isla que se repite, para referirse al mecanismo a través del cual el mar Caribe se acopló a los océanos Atlántico y Pacífico en el proceso de dominación entre una cultura que se consideraba superior y las regiones que comenzaba a conocer. Esta fue la empresa que permitió el tráfico intercontinental de las riquezas de América con su historia de coloniaje, esclavitud, piratería, corsarios y contrabandistas.

La máquina flota generó todas las ciudades del Caribe hispánico y las hizo ser, para bien o para mal, lo que son hoy… (xi)

El acoplamiento a otras máquinas se produjo con la profundización de la presencia europea en territorios del mundo invadido
.
Esa máquina, esa extraordinaria máquina, existe todavía: esto es, “se repite” sin cesar. Se llama: la plantación. (xi)

La génesis de esta experiencia se encuentra en Las Cruzadas, con expresiones claras en el siglo XV cuando los portugueses instalan sus modelos con éxito en las colonias africanas de Cabo Verde y las Maderas. Más adelante se establece el mecanismo en las islas Canarias y otras tierras sometidas a España fundamentalmente el universo Caribe. Aquí surgió el choque de componentes europeos, africanos y asiáticos dentro de la Plantación , lo que marcará esa cierta manera que puede substraerse del subsuelo de todos los continentes; es decir, una forma de ser que se expresa en el paisaje, la comida, la luz y fundamentalmente el ritmo no sólo musical, sino de andar del antillano. No se trata aquí, sin embargo, de lo que puede leerse como la síntesis (que más bien es lo opuesto) de una dialéctica de la contradicción enmarcada en la noción positivista y logocéntrica de mestizaje. Más bien es en la formulación de ecuaciones diferenciales sin solución y en reiteración de incógnitas que recorren lo que el llama el archipiélago Caribe a lo largo del tiempo.

Esta experiencia se expresa en las letras, en tanto sistema de verbaliza signos y modos de la convivencia. Por eso:

La literatura del Caribe puede leerse como un texto mestizo, pero también como un flujo de textos en fuga en intensa diferenciación consigo mismo y dentro de cuya compleja coexistencia hay vagas regularidades, por lo general paradójicas. El poema y la novela del Caribe no sólo son proyectos para ironizar un conjunto de valores tenidos por universales: son también, proyectos que comunican su propia turbulencia, su propio choque y vacío, el arremolinado black hole de violencia social producido por la encomienda, la plantación, la servidumbre del coolie y del hindú: esto es, su propia Otredad, su asimetría periférica con respecto a Occidente. (Benítez Rojo: XI )

Contrapunteo Cubano del Tabaco y el Azúcar es de hecho un texto en Fuga, cuya escritura traslada esa específica forma musical a su mundo. La introducción, la manera inasible y casi arbitraria en que pareciera articularse la estructura o armazón del proyecto casi parece el de un canon o una fuga criolla.
Una observación final: en el origen latino del término cultura subyace una condición agrícola, la del cultivo…Durante el siglo XVII con las necesidades de refinamiento de la creciente clase burguesa el paso de la experiencia originada en las prácticas agropecuarias del siglo anterior fue extrapolándose cada vez más frecuentemente a las nociones de buen gusto y refinamiento. La popularización –para decirlo de algún modo, tal vez no sólo inadecuado, sino incluso ofensivo por la comparación que propone- de la palabra cultura a partir de entonces para referirse a los productos del desarrollo del espíritu, de la educación y el interés por lo artístico, debe a la agricultura buena parte de sus alcances. El que Fernando Ortiz, sobre la base de una exposición que se inicia con la cita de un texto medieval de un paso hacia el desarrollo de una temática sobre la conformación de una experiencia cultural, constituye casi un giño con la historia precapitalista, un diálogo con el proceso antecesor a la experiencia capitalista colonial.

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