domingo, 2 de agosto de 2015
La excelsa refinación práctica de la hipocresía.
Hoy vienen a mi memoria algunos artistas venezolanos que han necesitado y frecuentemente solicitado ayuda, económica y afectiva, sin recibirla. Cuando mueren las redes sociales se inundan de comentarios sobre lo grande que era su talento, su calidez humana, los hermosos recuerdos de quien estudió con ellos y divisaba un gran prodigio.
En los alrededores del Complejo Cultural Teresa Carreño, centro de la vida artística del país, de bajo perfil hoy, ha habido actores - y gente cercana al medio como "misses"- que terminan deambulando por la calle, leyendo las cartas para poder vivir o, en el mejor de los casos, haciendo gala de su talento bajo el cobijo de un coro operático, con pago de salario mínimo y cesta ticket. Son estrellas que no llegaron a brillar como merecían por falta de mayor apoyo. De hecho,no terminaron de vivir -lo que decimos una "vida digna"- a falta de esa ayuda. No mencionaré sus nombres. Eso me duele. No mencionaré el nombre de nadie porque, además, quienes hemos trabajado en el denominado sector de la "cultura" del país sabemos quienes son... De hecho, lo conoce el país que lee información "cultural" porque en los medios tradicionales se registran las muertes de estos actores, cantantes o misses mientras las redes sociales exponen los doloridos puntos de vista de muchas personas que tuvieron la oportunidad de acercarse a ellos.
Retomo este blog después de años de olvido...De nuevo siento la necesidad de expresarme.
Hay un tipo de opinión sobre estas muertes que, en particular, despierta mi atención. Proviene de un grupo de "maestros" que ha ido ganando cada vez más espacio dentro de los espacios artísticos. Tienen fechas en los cosos para programar actividades, ganan premios oficiales, han ocupado tres o cuatro cargos públicos de altísimo nivel al mismo tiempo, gozan de todos los beneficios que otros artistas requieren y nunca alcanzan gracias a sus habilidades más que artísticas. Las llamaré diplomáticas. Hace poco más de una década eran una borradura, uno más, lo que se dice "nadie". En tono claramente peyorativo a algunos se les tildó como "el loquito con un pincel o con un cuatro en la mano". Bien que se levantaran, pero no en desmedro de los otros.
Ellos junto a los oportunistas históricos, que se han ajustado pronto y bien a las circunstancias de todos los tiempos, son entrevistados en las páginas de los grandes y pequeños diarios o se encuentran en embajadas "fashion", conformando el juego de un cierto poder cultural. Naturalmente, sus palabras no sólo son cálidas en las redes, sino todo un homenaje a esos pobres artistas muertos en situación de calle. Sus grandes y nuevas ocupaciones diarias, claro está, les impidieron ayudar a quienes no integraban el cortejo de aduladores de sus inflados egos. Ojalá, al menos, nos dejan obras que permanezcan en el tiempo. Preciso: Trabajos que podamos disfrutar dentro de unos diez años y tengan algo que nos haga exclamar su cercanía con la experiencia aurática de la cual hablaba Benjamin.
No he mencionado nombres, pero no quiero generalizar. Mis respetos a quienes continúan haciendo teatro, música, fotografía y muchas otras expresiones en forma crítica, sorteando dificultades infinitas de espacio y presupuesto. Representan, de algún modo, un"ghetto" artístico. Sin embargo, debo aclarar, que esta es una experiencia que afecta incluso a artistas ubicados dentro del denominado circuito oficial, donde gente silenciosa se esfuerza por el bien hacer, con frustración, sin ningún éxito. He leído, con tristeza, en mi correo estos relatos.Me preocupa, me angustia, además, esta situación que percibo a través de los medios y las redes sociales: el advenimiento de un tipo de oportunista del sector artístico que junto a uno tradicional se posiciona por encima de todos, sin ningún respecto, pero con simulación: Con voz cálida, amistosa, propia del mejor artificio actoral matan con una sonrisa de espada las posibilidades de aquellos otros que ponen en peligro, con su brillo, sus recién adquiridas prebendas. Han logrado trascender la polarización para mostrar la verdadera razón por la cual han obtenido el calificativo de "maestros": La excelsa refinación práctica de la hipocresía.
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