miércoles, 20 de junio de 2007

¿Cantar la hibridez cultural de nuestros días?...


Las exequias de Juan Pablo II transmitidas en cadena dentro de una gran cantidad de canales de televisión (todos los nacionales) y muchos de suscripción por cable, desde las 3:00 de la madrugada, hasta poco más allá de las 7:00 de la mañana, hora de Venezuela…Tomas de primeros planos de las más destacadas personalidades de orbe: El presidente de los Estados Unidos, George Bush, (el hombre más importante del mundo, como señalan incesantemente las películas de romances o suspenso donde la humanidad está en juego y sólo la decisión de ese hombre puede poner a salvo al planeta ) acompañado por la Secretaria de Estado, Condolezza Rice, y los expresidentes George Bush (padre) y Bill Clinton…El primer ministro británico, Tony Blair, presente ante las cámaras, a última hora, en una llegada imprevista, reseñada así por un narrador que comenta cuán crítico fue el Papa frente a la guerra de Irak y el apoyo de Blair a la misma…Carlos de Inglaterra, el príncipe heredero muestra su rostro compiscuo, mientras se nos informa que debió suspender por un día su boda con Camila por duelo…Silvio Berlusconi, el presidente italiano cuya relación con El Vaticano no fue de las mejores, está allí, como uno más, aunque es el propietario de RAI, cuya señal ha permitido llevar a millones de personas de las más variadas religiones, costumbres y status sociales esta información, en un mismo momento, a múltiples espacios.
Allí están poderosos africanos, asiáticos, latinoamericanos. Reyes, para producir varias ediciones de la revista Hola (con detalles que pueden incluir el glamour de la Reina Ramia de Jordania en esas ocasiones), gente de poderes encontrados o tal vez unidos por razones religiosas (musulmanes y judíos, protestantes, prebisterianos, budistas…) en un mismo lugar: El Vaticano, con sus cientos de años de historia política, de historia económica y religiosa, de cultura renacentista, de arte para asombrar aún por centenas de años a los hombres…Otra vez, una noticia global más: la muerte de Reinero de Mónaco, que entristece el Principado de dos kilómetros cuadrados ahora gobernado por Alberto II…Todo esta información se percibe ante los ojos de los espectadores en cualquier espacio donde haya televisión (incluso en el pequeño vehículo del estudiante que cuenta con su TV por cable ), en el rincón donde la señal de Internet estè presente (llámese Chiapas o las intrincadas montañas andinas) o sencillamente en un pequeño radio o un mínimo celular.
El reportero de CNN señala que este Papa, de algún modo, fue considerado como una “Superestrella”. De hecho, se recuerda el vínculo que estrechó con grupos como el irlandés “U2” para asumir una campaña contra el hambre…Nelson Bocaranda, en Globovisión, ya casi a las seis de la mañana, menciona “La Aldea Global de Mac Luhan”…Este fue el Papa que interpretó la diversidad y comprendió la globalización, hasta el punto de hablar tantas lenguas como países necesitó recorrer en su misión de peregrino. Una visión condensada de la torre de Babel, donde las lenguas en lugar de confundirse se encuentran, es este la imagen televisiva de un Papa que, en si mismo, parece contener la globalización.
Hay una suerte de homogeneización massmediatica en este Vaticano, donde hemos visto la diversidad frente a un Papa santificado, protegido por cuatro guardias Suizos, en una imagen medieval. No deja de llamar la atención la solicitud de humildad ante lo suntuoso, reclamada por el pontífice en vida, la urna de madera donde reposa su cuerpo finalmente, antes de ser trasladado a su destino final, cerca de la tierra, sembrado casi, como los muertos normales de cultura católica…Mientras lo veo, debo escribir un ensayo sobre transculturación. La imagen de las exposiciones universales narradas por Graciela Montaldo en el texto “La sensibilidad amenazada” viene a mi memoria, tanto como el divertido y complejo texto de Hugo Achurar “Ariel Atrapado entre Victor Hugo y Star Trek”…Menudo problema en el que me metí, pienso, mientras me concentro en la idea del “terror letrado”, de la mirada perpleja del intelectual del fin de siglo XIX ante los cambios o frente a las exposiciones universales (donde en un pabellón se mostraban imágenes budistas y en otro, experiencias del momento en Europa), terror letrado de la modernidad y ansiedad de conocimiento de las novedades, por parte de la sociedad…terror en el letrado que…”…intenta definir una experiencia donde la pérdida de certezas se mezcla con una sensibilidad que quiere rearticular los sistemas de relación con el mundo..”(1).
Ni siquiera reparo en el hecho de con un movimiento de mi dedo las imágenes del televisor desaparecen. Recuerdo otro comentario. Esta vez del texto de Hugo Achurar: “Ya fue establecido hace mucho tiempo que la condición del intelectual no es exclusiva de un sector de la población sino que es una tarea que todo individuo realiza o puede realizar: el tema…tiene o tuvo que ver con una nueva distribución del trabajo dentro de la sociedad.
De la época en que Darío dijo ‘si hay política en mis versos es porque hay un clamor continental’, o de cuando escribiera ‘El triunfo de Calibàn’ al presente ha pasado mucho agua bajo los puentes”(2)…Tanta como la que pasó entre la época en que Fernando Ortiz buscaba comprender los fenómenos culturales de Cuba (“Contrapunteo Cubano entre el Tabaco y el Azúcar”), en los años cuarenta del siglo XX, y los transcurridos entre “Transculturación narrativa en América Latina” de Ángel Rama (años setenta del mismo siglo) y la época actual (el siglo XXI) en la cual términos como globalización e hibridación forman parte de discusiones académicas cotidianas.
Las noticias sobre el destino del papado han dado paso a nuevas movilizaciones, pero merece la pena detenerse en los detalles de la convocatoria que generó. Cardenales de las zonas periféricas elegidos por Juan Pablo II debieron elegir a un nuevo pontífice. Viajaron desde Honduras, de Colombia, de Brazil, de tierras mestizas, de África y de Asia. Estuvieron presentes los prelados de Europa, sobre todo de Italia, donde al parecer no faltaron deseos de retomar la silla que por veintiséis años ocupó un polaco. Es complejo el movimiento cultural que se activa en una circunstancia como la planteada. Por nuestra mente pueden pasarhistorias sobre los cruzados, las sagas sobre el santo grial, la conquista y la reconquista, la inquisición y las tierras del Nuevo Mundo y el tema de la transculturación comienza a dibujarse como necesario para acercarme, de algún modo, a un problema que es el del contexto que me rodea, el de la cultura a la cual pertenezco y los valores que la conforman. Esto es lo que ahora llamamos hibridación y nuestra propuesta es el canto en este contexto, pero para abordarlo es importante referir conceptualmente cuál es el planteamiento sobre el cual levantamos nuestra voz.

La fuga criolla del contrapunto trasculturado


Existe ya en el título de “Contrapunteo cubano del Tabaco y el Azúcar”, del historiador, músico, antropólogo y etnólogo Fernando Ortiz (1881-1969) una alusión a la categoría “transculturación”, que inaugura en este libro publicado en el año 1940, en medio del proceso modernizador que contextualiza su práctica intelectual.
El concepto de “transculturación” expresa el “espíritu de provisionalidad” de la cultura en su doble trance de desajuste y reajuste en los espacios de interacción social. A partir de los modos de producción del tabaco y el azúcar, dos productos cultivados en las mejores condiciones y, por tanto, bajo grandes posibilidades de éxito en Cuba, Ortiz interpreta las diferentes expresiones sociales, políticas y espirituales de la historia insular a través de un ejerció dialógico cuya construcción formal, el contrapunteo, se inspira originariamente en las grandes formas musicales europeas (recordemos las misas de Juan Sebastián Bach basadas en el procedimiento técnico del contrapunto) y se aclimata como expresión latinoamericana y caribeña a través de una contienda de sabor tradicional y cultura de transmisión oral, donde el debate muestra las fortalezas y debilidades de los contrincantes en un caluroso juego de toma y daca. El de este texto de Ortiz es el contrapunteo entre un producto “descubierto” por la cultura de signo mediterráneo al llegar a Cuba-el tabaco- y el traído por el mismo admirante Colón-el azúcar-apenas llegado a las Indias Occidentales.
La transculturación no sólo se limita a la afirmación de una circunstancia específica en una comunidad, su génesis económica o sociocultural, sino que refleja los momentos transitivos de una cultura a otra, en un proceso donde no se simplifican los aportes de las culturas dominantes o dominadas, sino más bien se resarcen a través de experiencias diversas en la elaboración de construcciones novedosas. Tal vez imprevisibles, para decirlo con Elourd Glisand o híbridas remitiéndonos a las cercanías con la propuesta de Gilberto Freyre, en Casa Grande y Senzala durante los años treinta del siglo XX y desde finales de esa centuria y hasta la actualidad, con Néstor García Canclini, en la actualización de la metáfora.
Ya Ángel Rama, a mediados de los setenta del siglo pasado, al recuperar el término en su ensayo Transculturación narrativa en América Latina señala:
“Esta concepción de las transformaciones (aprobada entusiastamente por Bornislaw Malinoswki en su prólogo al libro de Ortiz) traduce visiblemente un perspectivismo latinoamericano, incluso en lo que puede tener de incorrecta interpretación. Revela resistencia a considerar la cultura propia, tradicional, que recibe el impacto externo que habrá de modificarla, como una entidad meramente pasiva o incluso inferior, destinada a las mayores pérdidas sin ninguna clase de respuesta creadora. Al contrario, el concepto se elabora sobre una doble comprobación: por una parte registra que la cultura presente de la comunidad latinoamericana (que es un producto latente trasculturado y en permanente evolución) está compuesto de valores idiosincrásicos, los que pueden reconocerse actuando desde fechas remotas: por una parte corrobora la energía creadora que la mueve, haciéndola muy distinta de un simple agregado de normas, comportamientos, creencias y objetos culturales, pues se trata de una fuerza que actúa con desenvoltura tanto sobre su herencia particular, según las situaciones propias de su desarrollo, como sobre las aportaciones provenientes de fuera. Es justamente esa capacidad para elaborar con originalidad, aún en difíciles circunstancias históricas, la que demuestra que pertenece a una sociedad viva y creadora, rasgos que pueden manifestarse en cualquier punto del territorio que aunque preferentemente se los encuentre nítidos en la capas recónditos de las regiones internas”
La búsqueda de categorías diferenciadoras de los procesos culturales propios de América Latina frente a la experiencia histórica europea constituye desde nuestra perspectiva, un ejercicio de representativa y búsqueda de independencia que pasa por la comprensión de la heterogeneidad de los procesos culturales y por tanto, desde el punto de vista del pensamiento crítico, de las reflexiones que apuntan a las definiciones sobre cómo comprender y aprehender una concepción de cultura.

Ortiz: Una experiencia, un contexto







La página Web de la Fundación Fernando Ortiz ofrece información sobres diplomados, eventos, asesorías temáticas, ciclos de cine, becas, premios, proyectos de investigación y publicaciones alusivas a los estudios desarrollados por el etnólogo y antropólogo Cubano. En ella se reseña con tono marcadamente reverente que es una de las figuras científicas de mayor trascendencia en América Latina.
“El gran sabio cubano nace el 16 de julio de 1881 y muere el 10 de abril de 1969 en La Habana. Su infancia transcurre en… Menorca, islas Baleares, España, donde aprende las primeras letras y cursa el bachillerato. En 1895 regresa a La Habana y estudia leyes en nuestra Universidad, estudios que terminará en Barcelona. Posteriormente se doctora en la Universidad de Madrid. Trabaja en el servicio consular cubano, ocupando las cancillerías de La Coruña, Génova y Marsella durante algunos años. En 1906 es nombrado abogado fiscal de la Audiencia de la Habana y dos años después ejerce como profesor en el claustro universitario, en cuya Facultad de Derecho permaneció durante nueve años.”(4)
También se explica que fue miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País, desde 1907 y su director de 1923 a 1932, así como miembro de la Academia de la Historia desde su fundación hasta 1933. Integró la Cámara de Representantes de Cuba, desde 1917 hasta 1927 y elaboró el Proyecto de Código Criminal Cubano, que…”…contenía un programa de reformas legislativas y administrativas muy avanzado para su época. Representó a Cuba como delegado oficial en numerosos congresos internacionales de índole científica y académica a partir de 1910 (*)
En la Cuba de finales del siglo XIX donde Ortiz nace la esclavitud acababa de ser abolida (entre 1880-1886). La isla había sido colonia española desde 1510 y semicolonia norteamericana de 1898 a 1958, como afirma Julio Le Riverend en el ensayo “Cuba: del semicolonialismo al socialismo (1933-1975).” La Habana fue ocupada por fuerzas británicas entre 1762 y 1763. La intervención de los Estados Unidos se produjo en 1898. Pero la idea que inicia este párrafo, la abolición de la esclavitud, repercutió de manera decidida en la cultura isleña. Por una parte, se produjo el esquema social capitalista y por otra liquidó la vieja clase terrateniente, fortalecida desde el siglo XVIII por el auge de las exportaciones.
“La clase terrateniente en virtud de su dependencia se torna toda ella conservadora y colonialista-bajo España o los Estados Unidos-o tímidamente reformista lo que indicaba el mantenimiento de la dualidad de dominación entonces existente. La polaridad antagónica propia del capitalismo define y simplifica las posiciones políticas y de clase. Ya no había como en 1868, un ‘ala izquierda’ terrateniente capaz de desencadenar la revolución. Por otro lado, comienza un nuevo asociacionismo obrero, penetran las ideas socialistas, anarquistas y anarco-sindicalista….” (*)
Ortiz es el letrado cubano cuya juventud se inserta, como ya lo señalamos, en la época de la modernidad: Este período que…”… comienza alrededor de 1880 ejerciendo su fascinación en todo el siglo XX y…”… núcleo de varias de las tensiones fundantes de la sociedad contemporánea. Como señala Graciela Montado en “La sensibilidad amenazada”… “El término modernidad, que describe el conjunto de esas tensiones, intenta definir una experiencia donde la pérdida de certezas se mezcla con una sensibilidad que quiere rearticular los sistemas de relación con el mundo.”
Es un funcionalista y… como lo indica Bronislaw.Malinowski, en el prólogo del libro de la dècada de los cuarenta, Contrapunteo cubano del Tabaco y el Azúcar:
…”…como buen funcionalista que es, el autor de este libro acude a la historia cuando ésta es indispensable. Sus capítulos sobre los distintos tipos de explotación territorial, según se refieren al azúcar o al tabaco; sobre las diferencias en los regímenes del trabajo, por artesanos libres, esclavos o trabajadores contratados, y, finalmente, los relativos a las diversas implicaciones políticas de una y de otra industria, están todos escritos así desde un punto de vista histórico y funcional.
En su condición de letrado mantuvo relación con sus pares. Formó, parte del grupo de los Minoristas, movimiento que sentó opinión sobre los problemas cubanos e internacionales, fundamentalmente sobre el tema del neocolonialismo, en el período comprendido entre 1923 y 1928. El grupo se planteó también la necesidad de proponer nuevos criterios estéticos y artísticos para interpretar los problemas de la sociedad cubana de la primera postguerra. Con Ortiz estaban Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, María Zambrano, la cantante Rita Montaner, Rubén Martìnez Villena, Emilio Roig de Leuchsenring, Regino Pedroso, José Z. Tallet, Andrés Núñez Olano, Félix Lizaso, José Antonio Fernández de Castro, Mariblanca Sabas Alomás, Rafael Esténger, Jorge Mañach, Francisco Ichaso, Eduardo Abela, Luis Gómez Wangüemert, Conrado Massaguer, Juan Antiga, Mariano Brull, Max Henríquez Ureña, Armando Maribona y Arturo Alfonso Rosello.Ortiz también se relacionó frecuentemente con intelectuales y artistas de resonancia dentro de su tiempo como Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca.
Escritor prolífico. Publicó más de cien títulos, entre los que se encuentran: Apuntes para un estudio criminal: Los negros brujos (1906); Los mambises italianos (1909); Entre cubanos (1914); Los negros esclavos (1916), Los cabildos afrocubanos (1921); Historia de la arqueología indocubana (1922); Glosario de afronegrismos (1924); Alejandro de Humboldt y Cuba (1930); Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940); Martí y las razas (1942); Las cuatro culturas indias de Cuba (1943); El engaño de las razas (1946); El huracán, su mitología y sus símbolos (1947); Los bailes y el teatro de los negros en el folklore de Cuba (1951); Los instrumentos de la música afrocubana, cinco volúmenes (1952); e Historia de una pelea cubana contra los demonios (1959). También se han publicado de él obras póstumas.

La reflexión cultural


El lugar desde donde se genera la enunciación social de una noción como cultura, así como el acercamiento al proceso dentro del cual se formula configura un marco referencial particularmente importante para comprender la movilidad de su contexto y sus aspectos definitorios. Por esa razón, no fue gratuito el que tal vez abundáramos en detalles sobre la vida y obra de Ortiz.
Creemos importante apuntar acá que el desarrollo de la antropología y la etnografía a principios del siglo XX sentó una marca para la mudanza de la concepción de cultura desde el campo de las bellas artes (donde operó con mucho éxito sobre todo durante el siglo XIX y aún buena parte de la siguiente centuria vinculada a la idea de lo artísticamente bello) hacia su consideración como “todo producto elaborado por el hombre en contraposición con la naturaleza”.
El antropólogo alemán Franz Boas, de gran influencia en los EEUU a donde había emigrado a finales del siglo XIX generó gran polémica al argumentar que no existe superioridad de una raza sobre otra desde el punto de vista de la capacidad mental y la capacidad de contribuir al desenvolvimiento social. Destacó la importancia de las interrelaciones y el papel dinámico del medio en la formación de cultura. Su posición fuertemente cuestionada en amplios sectores de la vida norteamericana fue, sin embargo, determinante para fortalecer la idea de los Estados Unidos como un país multirracial y multiultural.
En la concepción de cultura que desarrolla en Brasil Gilberto Freyre (1900-1987) juega un papel preponderante las discusiones sobre la perspectiva de la antropología cultural de la Universidad de Columbia, propuesta por Boas. Freyre, nacido en Recife, se había graduado en la Universidad de Bayler en Texas y postgraduado en la primera de estas universidades donde asistió a los cursos de Boaz tendiendo acceso a sus obras así como a las del círculo de Columbia entre ellas las del ensayista y crítico cultural Randolph Bourne. Como señala Enrique Rodríguez Larreta, en su ensayo Cultura e hibridación sobre algunas fuentes latinoamericanas (2002):
“Rüdiger Bilden, colega y amigo en Columbia, lo visitó en Brasil en viaje de investigación de un año a Recife en 1926. El viaje motivó un artículo: Brazil: Laboratory of Civilization (Nation NY CXXXVIII, jan 1, 1929)... En Casa Grande & Senzala, Gilberto Freyre atribuye a Rüdiger Bilden algunas ideas centrales de su libro. Otras observaciones sobre la mezcla étnica brasileña fueron realizados en la misma época por Roy Nash en su Conquest of Brazil (1926) una entusiasta síntesis histórico-cultural del país destinada al público norteamericano. Su manuscrito fue leído por el antropólogo Clark Wissler y el principal intelectual negro de la época, W.E.B. Du Bois. Nash destaca que los portugueses antes de dominar grupos raciales no blancos sufrieron el dominio de un pueblo de piel oscura, superior a ellos mismos en tecnología y organización social:(Citado en Freyre 2002 (1933) cap. 1, nota 19, pág. 85). Estas ideas fueron decisivas para el desarrollo de las interpretaciones históricas de Freyre sobre el carácter culturalmente híbrido del portugués y la influencia que esta situación tuvo sobre las relaciones raciales en el Brasil.”

Darcy Ribeira retomará décadas después estas ideas. Sin embargo, hay que decir antes que en la base de la reflexión de Freyre sobre la cultura y la formación cultural de Brasil se encuentra el sistema de plantación, con su Casa Grande, donde se asentaban quienes ejercían el poder con un grupo de servidores cercanos y la Senzala, el espacio donde hacían vida las grandes masas esclavas. Agreguemos que la concepción de cultura híbrida de este autor bebió también de las aguas de Oswald Spengler, quien había sintetizado diversas contribuciones del historicismo alemán, particularmente en el libro La Decadencia de Occidente (1920, publicado en español en 1923).

En el concepto de Cultura de Freyre, en tanto categoría que aborda la diferencia de grupos humanos a partir de aspectos como religión, raza, clase y estamétos sociales tiene en el juego de oposiciones un apoyo básico. Citamos nuevamente a Rodríguez Larreta:

“Se opone en primer término a "raza" con sus connotaciones biológicas de herencia, fijismo de caracteres e inmovilismo. La "cultura" es una formación dinámica, modificable en la interacción con los componentes ecológicos, sociales y técnicos del medio ambiente. La singularidad, expresividad y las dimensiones populistas pluralistas del concepto en su matriz alemana se conservan. Pero Freyre escribe sobre una situación de encuentro colonial y dominio e interpenetración entre grupos hegemónicos y subalternos. Sus textos describen proceso de mezcla e hibridación cultural.”

En 1941 en un libro dedicado a Fernando Ortiz, Freyre conserva la tensión entre culturas locales (regionalismo, etnias) y la cultura nacional brasileña moderna, utilizando la palabra transcultural para referirse al proceso de integración entre las mismas. Pero si el vínculo de Freyre con la experiencia de Columbia generó una puerta que no sólo le nutrió sino que le permitió dar a conocer el trabajo que realizaba, tal vez pueda decirse que de algún modo la puesta en circulación de la palabra transculturación tiene en la experiencia de la escuela antropológica inglesa (representada por Bronislaw Malinowski) un importante punto de encuentro. Dejemos de lado, en este momento, lo anecdótico sobre el descuido de Malinoski en respaldar siempre su compromiso de respetar la autoría original del término, importa destacar que ante la noción de aculturación que florecía entonces en Gran Bretaña y los EEUU se impuso un neologismo propuesto como categoría por un hombre nacido en una isla del Atlántico para referir:

Los variadísimos fenómenos que se originan en Cuba por las complejísimas transmutaciones de cultura que allí se verifican, sin las cuales es imposible entender la evolución del pueblo cubano, asi en lo económico como en lo institucional, jurìdico, ètico, religioso, artístico, psicológico, sexual y en los demás aspectos de la vida (Ortiz: 1973:129)

El Contrapunteo cubano del Tabaco y Azúcar se inicia exponiendo de plano el problema de la autoridad textual de un científico académico frente a la representación polisémica de lo popular, a partir de la experiencia de escritura del clérigo Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, “cantor de serranillas amorosas y toda suerte de trovas desenfadas y agudas” (Ortiz: 1973:17), quien hace hablar en versos al Carnaval y la Cuaresma, en una contienda satírica de contrastes éticos.
Acaso la célebre controversia imaginada por aquel gran poeta sea precedente literario que ahora nos permitiera personificar el moreno tabaco y la blanconaza azúcar, y hacerlos salir en la fábula a referir sus contradicciones. Pero careciendo nosotros de la autoridad, así de poeta como de clérigo, para sacar personajes de la fantasía y hacerlos vivir humanas pasiones y sobrehumanos portentos, diremos tan sólo, sin versos y en prosa pobre, los sorprendentes contrastes que hemos advertido entre los dos productos agrarios fundamentales de la historia de Cuba.” (7)
A partir de entonces se plantea un verdadero contrapunteo donde la circunstancia económica y política originada en el encuentro cultural a partir del dominio impuesto por la colonia se configura a partir de las peculiaridades de los productos que surgen de lo agrícola.
Jurista, crimonólogo y político, además de antropólogo, Fernando Ortiz se consagra a los 59 años con esta obra que expone en forma original su teoría de la cultura, la cual evoluciona desde la visión del positivismo criminológico inspirado en la línea de la escuela italiana y fundamentalmente del proyecto de Cesare Lombroso (1835-1909) en Los Negros Brujos (1906), trabajo sobre la mentalidad criminal y las formas de creencias arcaicas, hacia un esquema que poco a poco se articula con el folklore y la crítica de la noción de razas (que pese a todo sigue usando) por excluyente y estática, en su artículo de 1929 Ni racismos ni Xenofobias. Pronto la preocupación de Ortiz será sobre todo nacional en el sentido de la mirada, que considera necesario robustecer la creciente integración cubana de todos los sectores étnicos. Célebre es la disputa que sostiene con los hispanistas conservadores sobre su propuesta de valorar los variados matices de la cultura nacional cubana, que respetaba no obstante un espíritu hispano.
El Contrapunteo Cubano del Tabaco y el Azúcar está escrito con el sabor de una experiencia que se construye y reconstruye en lo cotidiano. Es un texto adelantado para su tiempo, que apunta hacia lo que hoy en día son los estudios culturales y define las peculiaridades no sólo de lo latino, sino sobre todo y particularmente de lo caribeño. El tema merece una reflexión, aunque sea somera...Para ello abriremos una nueva entrada del blog.

Sobre el Caribe


El éxito del neologismo transculturación en el campo de las ciencias sociales y los estudios literarios y de arte, en general, lo que obviamente comprende a la música, se debe en buena parte a que es posible un uso que abarca fenómenos que trascienden las peculiaridades de Cuba, que son cercanos a otras comunidades, a otros procesos distantes de la experiencia local. Con igual propiedad pudiéramos acercarla al fenómeno Caribe para comprender su peculiaridad a través de los textos canónicos Contrapunteo Cubano del Azúcar y el Tabaco y Casa Grande y Senzala.
Se entiende aquí el Caribe en el sentido en que lo expone Lulú Jiménez como una región abarcadora que incluye no sólo a las islas antillanas, sino también zonas continentales como las costas de Colombia, Venezuela –incluyendo áreas de Ciudad Bolívar como El Callao-, Guyana, sur de los EEUU y Brasil. En la base de este planteamiento se encuentra la peculiar manera como se insertó el proceso colonizador en estos espacios. Partamos de Ortiz para decirlo a través de los dos productos en contrapunto:
“El tabaco es un don mágico del salvajismo; el azúcar es un don científico de la civilización.
El tabaco fue de América llevado: el azúcar fue a la América traído. El tabaco es planta indígena que los europeos llegados con Colón descubrieron , precisamente n Cuba, a comienzos de noviembre del año 1492; la caña de azúcar es planta aquí extranjera y lejana que del Oriente fue llevada a Europa y a las Canarias y de allí trajo Colón a las Antillas, en 1493. En Cuba el tabaco fue hallado con sorpresa; pero el azúcar fue introducido con propósito planeado. (Ortiz: 1973: 71)

El propósito planeado no fue otro que el proceso colonizador, que se valió de mecanismos claramente artículados para alcanzar sus fines.
Máquina naval, militar, burocrática, comercial, extractiva, política, legal, descomunal son algunos de los calificativos utilizados por el cubano Antonio Benítez Rojo en La Isla que se repite, para referirse al mecanismo a través del cual el mar Caribe se acopló a los océanos Atlántico y Pacífico en el proceso de dominación entre una cultura que se consideraba superior y las regiones que comenzaba a conocer. Esta fue la empresa que permitió el tráfico intercontinental de las riquezas de América con su historia de coloniaje, esclavitud, piratería, corsarios y contrabandistas.

La máquina flota generó todas las ciudades del Caribe hispánico y las hizo ser, para bien o para mal, lo que son hoy… (xi)

El acoplamiento a otras máquinas se produjo con la profundización de la presencia europea en territorios del mundo invadido
.
Esa máquina, esa extraordinaria máquina, existe todavía: esto es, “se repite” sin cesar. Se llama: la plantación. (xi)

La génesis de esta experiencia se encuentra en Las Cruzadas, con expresiones claras en el siglo XV cuando los portugueses instalan sus modelos con éxito en las colonias africanas de Cabo Verde y las Maderas. Más adelante se establece el mecanismo en las islas Canarias y otras tierras sometidas a España fundamentalmente el universo Caribe. Aquí surgió el choque de componentes europeos, africanos y asiáticos dentro de la Plantación , lo que marcará esa cierta manera que puede substraerse del subsuelo de todos los continentes; es decir, una forma de ser que se expresa en el paisaje, la comida, la luz y fundamentalmente el ritmo no sólo musical, sino de andar del antillano. No se trata aquí, sin embargo, de lo que puede leerse como la síntesis (que más bien es lo opuesto) de una dialéctica de la contradicción enmarcada en la noción positivista y logocéntrica de mestizaje. Más bien es en la formulación de ecuaciones diferenciales sin solución y en reiteración de incógnitas que recorren lo que el llama el archipiélago Caribe a lo largo del tiempo.

Esta experiencia se expresa en las letras, en tanto sistema de verbaliza signos y modos de la convivencia. Por eso:

La literatura del Caribe puede leerse como un texto mestizo, pero también como un flujo de textos en fuga en intensa diferenciación consigo mismo y dentro de cuya compleja coexistencia hay vagas regularidades, por lo general paradójicas. El poema y la novela del Caribe no sólo son proyectos para ironizar un conjunto de valores tenidos por universales: son también, proyectos que comunican su propia turbulencia, su propio choque y vacío, el arremolinado black hole de violencia social producido por la encomienda, la plantación, la servidumbre del coolie y del hindú: esto es, su propia Otredad, su asimetría periférica con respecto a Occidente. (Benítez Rojo: XI )

Contrapunteo Cubano del Tabaco y el Azúcar es de hecho un texto en Fuga, cuya escritura traslada esa específica forma musical a su mundo. La introducción, la manera inasible y casi arbitraria en que pareciera articularse la estructura o armazón del proyecto casi parece el de un canon o una fuga criolla.
Una observación final: en el origen latino del término cultura subyace una condición agrícola, la del cultivo…Durante el siglo XVII con las necesidades de refinamiento de la creciente clase burguesa el paso de la experiencia originada en las prácticas agropecuarias del siglo anterior fue extrapolándose cada vez más frecuentemente a las nociones de buen gusto y refinamiento. La popularización –para decirlo de algún modo, tal vez no sólo inadecuado, sino incluso ofensivo por la comparación que propone- de la palabra cultura a partir de entonces para referirse a los productos del desarrollo del espíritu, de la educación y el interés por lo artístico, debe a la agricultura buena parte de sus alcances. El que Fernando Ortiz, sobre la base de una exposición que se inicia con la cita de un texto medieval de un paso hacia el desarrollo de una temática sobre la conformación de una experiencia cultural, constituye casi un giño con la historia precapitalista, un diálogo con el proceso antecesor a la experiencia capitalista colonial.

Golpes silenciosos...Música y prejuicio


¿Cómo miramos a los otros?...La reflexión tiene cada día una mayor vigencia porque pone sobre el tapete el modo como interactuamos...¿De qué manera las expresiones culturales dan cuenta de esta situación?...A través de los golpes de la música, del taconeo que simula el encuentro y el desencuentro, podemos tal vez acercarnos al tema...A continuación, un video elocuente:

Silent Beats (Golpes silenciosos)
http://www.youtube. com/watch? v=76BboyrEl48

Publicado por Canto híbrido: La página de la Academia en 12:16 0 comentarios