miércoles, 20 de junio de 2007

La reflexión cultural


El lugar desde donde se genera la enunciación social de una noción como cultura, así como el acercamiento al proceso dentro del cual se formula configura un marco referencial particularmente importante para comprender la movilidad de su contexto y sus aspectos definitorios. Por esa razón, no fue gratuito el que tal vez abundáramos en detalles sobre la vida y obra de Ortiz.
Creemos importante apuntar acá que el desarrollo de la antropología y la etnografía a principios del siglo XX sentó una marca para la mudanza de la concepción de cultura desde el campo de las bellas artes (donde operó con mucho éxito sobre todo durante el siglo XIX y aún buena parte de la siguiente centuria vinculada a la idea de lo artísticamente bello) hacia su consideración como “todo producto elaborado por el hombre en contraposición con la naturaleza”.
El antropólogo alemán Franz Boas, de gran influencia en los EEUU a donde había emigrado a finales del siglo XIX generó gran polémica al argumentar que no existe superioridad de una raza sobre otra desde el punto de vista de la capacidad mental y la capacidad de contribuir al desenvolvimiento social. Destacó la importancia de las interrelaciones y el papel dinámico del medio en la formación de cultura. Su posición fuertemente cuestionada en amplios sectores de la vida norteamericana fue, sin embargo, determinante para fortalecer la idea de los Estados Unidos como un país multirracial y multiultural.
En la concepción de cultura que desarrolla en Brasil Gilberto Freyre (1900-1987) juega un papel preponderante las discusiones sobre la perspectiva de la antropología cultural de la Universidad de Columbia, propuesta por Boas. Freyre, nacido en Recife, se había graduado en la Universidad de Bayler en Texas y postgraduado en la primera de estas universidades donde asistió a los cursos de Boaz tendiendo acceso a sus obras así como a las del círculo de Columbia entre ellas las del ensayista y crítico cultural Randolph Bourne. Como señala Enrique Rodríguez Larreta, en su ensayo Cultura e hibridación sobre algunas fuentes latinoamericanas (2002):
“Rüdiger Bilden, colega y amigo en Columbia, lo visitó en Brasil en viaje de investigación de un año a Recife en 1926. El viaje motivó un artículo: Brazil: Laboratory of Civilization (Nation NY CXXXVIII, jan 1, 1929)... En Casa Grande & Senzala, Gilberto Freyre atribuye a Rüdiger Bilden algunas ideas centrales de su libro. Otras observaciones sobre la mezcla étnica brasileña fueron realizados en la misma época por Roy Nash en su Conquest of Brazil (1926) una entusiasta síntesis histórico-cultural del país destinada al público norteamericano. Su manuscrito fue leído por el antropólogo Clark Wissler y el principal intelectual negro de la época, W.E.B. Du Bois. Nash destaca que los portugueses antes de dominar grupos raciales no blancos sufrieron el dominio de un pueblo de piel oscura, superior a ellos mismos en tecnología y organización social:(Citado en Freyre 2002 (1933) cap. 1, nota 19, pág. 85). Estas ideas fueron decisivas para el desarrollo de las interpretaciones históricas de Freyre sobre el carácter culturalmente híbrido del portugués y la influencia que esta situación tuvo sobre las relaciones raciales en el Brasil.”

Darcy Ribeira retomará décadas después estas ideas. Sin embargo, hay que decir antes que en la base de la reflexión de Freyre sobre la cultura y la formación cultural de Brasil se encuentra el sistema de plantación, con su Casa Grande, donde se asentaban quienes ejercían el poder con un grupo de servidores cercanos y la Senzala, el espacio donde hacían vida las grandes masas esclavas. Agreguemos que la concepción de cultura híbrida de este autor bebió también de las aguas de Oswald Spengler, quien había sintetizado diversas contribuciones del historicismo alemán, particularmente en el libro La Decadencia de Occidente (1920, publicado en español en 1923).

En el concepto de Cultura de Freyre, en tanto categoría que aborda la diferencia de grupos humanos a partir de aspectos como religión, raza, clase y estamétos sociales tiene en el juego de oposiciones un apoyo básico. Citamos nuevamente a Rodríguez Larreta:

“Se opone en primer término a "raza" con sus connotaciones biológicas de herencia, fijismo de caracteres e inmovilismo. La "cultura" es una formación dinámica, modificable en la interacción con los componentes ecológicos, sociales y técnicos del medio ambiente. La singularidad, expresividad y las dimensiones populistas pluralistas del concepto en su matriz alemana se conservan. Pero Freyre escribe sobre una situación de encuentro colonial y dominio e interpenetración entre grupos hegemónicos y subalternos. Sus textos describen proceso de mezcla e hibridación cultural.”

En 1941 en un libro dedicado a Fernando Ortiz, Freyre conserva la tensión entre culturas locales (regionalismo, etnias) y la cultura nacional brasileña moderna, utilizando la palabra transcultural para referirse al proceso de integración entre las mismas. Pero si el vínculo de Freyre con la experiencia de Columbia generó una puerta que no sólo le nutrió sino que le permitió dar a conocer el trabajo que realizaba, tal vez pueda decirse que de algún modo la puesta en circulación de la palabra transculturación tiene en la experiencia de la escuela antropológica inglesa (representada por Bronislaw Malinowski) un importante punto de encuentro. Dejemos de lado, en este momento, lo anecdótico sobre el descuido de Malinoski en respaldar siempre su compromiso de respetar la autoría original del término, importa destacar que ante la noción de aculturación que florecía entonces en Gran Bretaña y los EEUU se impuso un neologismo propuesto como categoría por un hombre nacido en una isla del Atlántico para referir:

Los variadísimos fenómenos que se originan en Cuba por las complejísimas transmutaciones de cultura que allí se verifican, sin las cuales es imposible entender la evolución del pueblo cubano, asi en lo económico como en lo institucional, jurìdico, ètico, religioso, artístico, psicológico, sexual y en los demás aspectos de la vida (Ortiz: 1973:129)

El Contrapunteo cubano del Tabaco y Azúcar se inicia exponiendo de plano el problema de la autoridad textual de un científico académico frente a la representación polisémica de lo popular, a partir de la experiencia de escritura del clérigo Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, “cantor de serranillas amorosas y toda suerte de trovas desenfadas y agudas” (Ortiz: 1973:17), quien hace hablar en versos al Carnaval y la Cuaresma, en una contienda satírica de contrastes éticos.
Acaso la célebre controversia imaginada por aquel gran poeta sea precedente literario que ahora nos permitiera personificar el moreno tabaco y la blanconaza azúcar, y hacerlos salir en la fábula a referir sus contradicciones. Pero careciendo nosotros de la autoridad, así de poeta como de clérigo, para sacar personajes de la fantasía y hacerlos vivir humanas pasiones y sobrehumanos portentos, diremos tan sólo, sin versos y en prosa pobre, los sorprendentes contrastes que hemos advertido entre los dos productos agrarios fundamentales de la historia de Cuba.” (7)
A partir de entonces se plantea un verdadero contrapunteo donde la circunstancia económica y política originada en el encuentro cultural a partir del dominio impuesto por la colonia se configura a partir de las peculiaridades de los productos que surgen de lo agrícola.
Jurista, crimonólogo y político, además de antropólogo, Fernando Ortiz se consagra a los 59 años con esta obra que expone en forma original su teoría de la cultura, la cual evoluciona desde la visión del positivismo criminológico inspirado en la línea de la escuela italiana y fundamentalmente del proyecto de Cesare Lombroso (1835-1909) en Los Negros Brujos (1906), trabajo sobre la mentalidad criminal y las formas de creencias arcaicas, hacia un esquema que poco a poco se articula con el folklore y la crítica de la noción de razas (que pese a todo sigue usando) por excluyente y estática, en su artículo de 1929 Ni racismos ni Xenofobias. Pronto la preocupación de Ortiz será sobre todo nacional en el sentido de la mirada, que considera necesario robustecer la creciente integración cubana de todos los sectores étnicos. Célebre es la disputa que sostiene con los hispanistas conservadores sobre su propuesta de valorar los variados matices de la cultura nacional cubana, que respetaba no obstante un espíritu hispano.
El Contrapunteo Cubano del Tabaco y el Azúcar está escrito con el sabor de una experiencia que se construye y reconstruye en lo cotidiano. Es un texto adelantado para su tiempo, que apunta hacia lo que hoy en día son los estudios culturales y define las peculiaridades no sólo de lo latino, sino sobre todo y particularmente de lo caribeño. El tema merece una reflexión, aunque sea somera...Para ello abriremos una nueva entrada del blog.

1 comentario:

lucas dijo...

hola q tal me gusto mucho el comentario...
Te escribo porq me gustaria saber si tenes el archivo del libro "el contrapunteo cubano del tabaco y el azucar" de Ortiz porq lo estoy buscando y no lo encuentro
desde ya muchas gracias mi mail es lucasperico@hotmail.com
te agradeceria q si conoces de algun link donde conseguirlo me lo pases